El correo llega a las 8:17 de la mañana.
“Asunto: Reorganización interna”. No dice despido, pero tampoco dice tranquilidad. Cierras el laptop un segundo más de lo normal. No es pánico. Es cálculo mental.
Renta. Colegiatura. Tarjeta. Supermercado.
La pregunta no es si algo va a pasar.
Es ¿Cuánto margen tienes cuando pase?
Ahí empieza realmente el fondo de emergencia.
Durante años se repite la misma fórmula: “ahorra entre 3 y 6 meses de gastos”.
El consejo no es incorrecto. Es incompleto.
El fondo de emergencia no es un número universal. Es una decisión de riesgo personal.
Antes de pensar en meses, hay que pensar en realidad.
No son todos tus gastos.
Son los que mantienen tu vida funcionando si todo se detiene.
Incluye solo estos:
Nada de suscripciones prescindibles.
Nada de “estilo de vida ideal”.
Esto es modo supervivencia digna.
Ese total es tu costo mensual de continuidad.
Aquí es donde la mayoría se equivoca, porque se miran como optimistas cuando deberían mirarse como estrategas.
Pregúntate con brutal honestidad:
Con eso, ubícate en uno de estos escenarios:
Ingreso estable, alta empleabilidad, pocos dependientes
→ 3 meses de gastos
Ingreso variable, mercado competitivo, responsabilidades familiares
→ 6 meses de gastos
Emprendedor, independiente, ingresos irregulares, poca red de respaldo
→ 9 a 12 meses de gastos
No es exageración.
Es tiempo comprado para decidir bien.
La fórmula es simple, pero el impacto es profundo:
Gasto mensual esencial × meses según riesgo = fondo de emergencia
Ese número no es inspirador.
Es tranquilizador.
No te hace rico.
Te hace difícil de desestabilizar.
El fondo de emergencia no busca rentabilidad.
Busca disponibilidad inmediata y estabilidad absoluta.
Es capital defensivo.
No capital productivo.
Un fondo de emergencia bien calculado no solo paga cuentas.
Es una ventaja invisible, pero decisiva.
El problema no es no tener un fondo de emergencia.
El problema es creer que lo tienes… cuando en realidad solo tienes optimismo.
La pregunta no es cuánto deberías ahorrar.
La pregunta incómoda es otra:
¿Cuántos meses de malas noticias puedes resistir sin tomar malas decisiones?
Déjanos tu comentario y si necesitas ayuda.