Durante años se repitió la misma consigna: más cardio, más salud. Más kilómetros, más disciplina. Más horas, mejores resultados.
El problema es que el cuerpo no funciona como un contador de pasos.
El análisis que plantea Pradip Jamnadas incomoda porque rompe un dogma muy instalado en la cultura del fitness: no todo ejercicio suma, y no todo esfuerzo prolongado protege el corazón. A veces ocurre lo contrario.
Lo que está en juego no es solo rendimiento físico, sino inflamación crónica, resistencia a la insulina y salud cardiovascular.
Correr una hora diaria en la cinta, entrenar para maratones o sostener cardio continuo de larga duración suele asociarse a salud ejemplar. Sin embargo, en la práctica clínica aparece otro patrón.
Personas que realizan ejercicio aeróbico extremo y prolongado presentan, con más frecuencia, inflamación sistémica y enfermedad de las arterias coronarias que quienes entrenan fuerza o realizan sprints cortos.
La razón no es la intensidad, sino la continuidad.
El cardio crónico mantiene al cuerpo en un estado de estrés oxidativo constante. El ejercicio produce radicales libres de forma natural; el problema surge cuando no hay pausas suficientes para que el organismo los neutralice. El resultado es inflamación silenciosa, acumulativa y difícil de detectar hasta que ya está instalada.
El enfoque cambia radicalmente con el HIIT y el entrenamiento de fuerza.
Intervalos de 30 a 45 segundos de alta intensidad seguidos de descanso real generan un estímulo metabólico potente, pero permiten que el cuerpo haga algo clave: reparar.
Durante el descanso se activan sistemas antioxidantes como el glutatión y la superóxido dismutasa. Es ahí donde ocurre la magia. Sin pausa, no hay adaptación; solo desgaste.
El entrenamiento de fuerza, incluso con peso corporal, tiene otra ventaja crítica. En contextos de ayuno, especialmente en mujeres, protege la masa muscular. El cardio prolongado en ayunas puede vaciar reservas de glucosa y empujar al cuerpo a degradar músculo. La fuerza no suele provocar ese efecto.
Más estímulo no significa mejor señal. Significa ruido.
Una sola noche de mal sueño es suficiente para alterar el metabolismo al día siguiente.
Dormir menos de siete horas genera resistencia a la insulina inmediata. No importa qué comas ni cuánto entrenes al día siguiente: tu cuerpo procesará peor la glucosa y tenderá a almacenar grasa.
El impacto va más allá. El sueño regula el microbioma intestinal, la función hepática y el sistema nervioso parasimpático. Vivimos atrapados en modo alerta permanente. Sin sueño adecuado, nunca activamos el sistema de reparación.
Entrenar fuerte y dormir mal no es disciplina. Es sabotaje fisiológico.
En esfuerzos extremadamente largos, el cuerpo redistribuye el flujo sanguíneo. La sangre va a los músculos y se le resta al intestino. El resultado es una isquemia intestinal relativa.
El problema es que el intestino alberga una parte clave del sistema nervioso entérico y del nervio vago, el principal regulador del ritmo cardíaco. Cuando esa zona sufre, el nervio vago pierde capacidad de control.
Días después pueden aparecer palpitaciones, arritmias o taquicardia, sin relación aparente con el entrenamiento que las originó.
El daño no siempre es inmediato. Por eso se ignora.
Entrenar al final del período de ayuno no es un detalle menor. Durante el ayuno, la hormona del crecimiento está elevada. Ese entorno hormonal favorece la conservación y construcción de músculo, especialmente cuando se prioriza fuerza sobre cardio prolongado.
No se trata de entrenar más, sino de entrenar cuando el cuerpo está biológicamente alineado para adaptarse.
Pensar el cuerpo como un sistema de alto rendimiento ayuda a entenderlo. Los esfuerzos cortos e intensos con pausas permiten mantener el sistema en equilibrio. El estrés continuo lo sobrecalienta.
El sueño es el taller nocturno. Sin él, el motor sigue funcionando, pero cada día con más fricción interna.
La pregunta ya no es cuántas horas entrenas.
Es si tu entrenamiento y tu sueño están ayudando a tu cuerpo a repararse… o empujándolo lentamente al límite.
Ese matiz cambia todo.
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