Prevenir caídas en personas mayores exige convertir una preocupación cotidiana en un plan concreto: evaluar el riesgo, elegir actividad física adecuada y revisar el entorno. La pregunta útil para una familia es cómo pasar de «ten cuidado» a una atención que ayude a conservar autonomía.
Un nuevo ensayo aporta evidencia sobre esa transición. Su interés está en la organización de la consulta: qué sucede cuando el profesional dispone de herramientas para transformar una alerta en una recomendación que el paciente pueda llevarse a casa.
Publicado el 16 de octubre de 2026 en JAMA Network Open, eSTEPS analizó 11.945 personas de 65 años o más con riesgo de caída, atendidas en 22 centros estadounidenses. La asignación fue por centros. La intervención integraba recomendaciones de ejercicio, derivación opcional a fisioterapia y materiales para pacientes en la historia clínica electrónica.
| Resultado registrado | Intervención | Control |
|---|---|---|
| Al menos una caída | 19,3 | 21,2 |
| Lesión por caída | 15,7 | 16,7 |
La razón de tasas de caídas fue 0,91: una reducción relativa del 9%, con intervalo de confianza del 95% entre 0,88 y 0,95. No hubo diferencia de mortalidad. Solo el 22,1% recibió una prescripción de ejercicios. Los registros clínicos pueden omitir eventos; no se conocía la adherencia y el ensayo pertenecía a un único sistema de salud. El beneficio fue modesto y no demuestra que una app aislada prevenga caídas.
«Pacientes-año» combina personas y tiempo de observación. Por eso, la tabla no representa el porcentaje que caerá durante el próximo año ni permite calcular el riesgo individual de quien la lee. Una diferencia de tasas tampoco indica cuántos tropiezos evitó cada participante.
La recomendación del Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de Estados Unidos, publicada el 4 de junio de 2024, respalda programas de ejercicio para mayores de 65 años que viven en la comunidad y presentan riesgo elevado. Entre sus componentes habituales figuran equilibrio, marcha, fuerza y entrenamiento funcional.
También propone individualizar las intervenciones que abordan varios factores a la vez. Pueden evaluarse movilidad, visión, presión arterial al cambiar de posición, medicamentos, cognición y condiciones del hogar. Su utilidad depende de que las medidas indicadas estén disponibles y sean accesibles.
Para una familia, esto cambia la conversación. En lugar de buscar una rutina universal en internet, puede preguntar qué dificultad se intenta mejorar, quién enseñará los movimientos y cómo se ajustará el plan. No es lo mismo comprender una instrucción que poder realizarla sin ayuda.
Un ejemplo hipotético: una persona recibe una hoja de ejercicios, pero no logra interpretar los dibujos. Otra entiende la actividad, aunque carece de un lugar apropiado para hacerla. Ambas salieron con una recomendación; ninguna tiene todavía resuelto cómo incorporarla a su vida. Detectar esa diferencia es parte de una buena implementación.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos aconsejan evaluar el riesgo, revisar con un profesional los fármacos que puedan producir somnolencia o mareo, cuidar la visión y mejorar la seguridad doméstica. Entre las medidas del hogar incluyen retirar obstáculos, disponer de buena iluminación y colocar apoyos adecuados en baños y escaleras.
Ese marco permite preparar preguntas concretas:
La revisión de medicamentos no significa suspenderlos por cuenta propia. La conversación debe incluir lo que la persona toma y cómo se siente, para que el equipo tratante decida si corresponde algún cambio.
Cuando existe una condición que modifica la movilidad, el contexto importa especialmente. Nuestro artículo sobre Parkinson y prótesis de cadera aborda otro escenario: la preparación y recuperación quirúrgica. Sus riesgos no deben trasladarse automáticamente a cualquier persona mayor.
Para un centro que evalúa incorporar herramientas digitales, proponemos separar tres preguntas: si el profesional utiliza el recurso, si el paciente puede seguir el plan y si cambian los resultados de salud. Contar recomendaciones emitidas responde únicamente a la primera parte del problema.
Un piloto podría registrar barreras de comprensión, disponibilidad de rehabilitación y necesidad de materiales impresos. También debería acordar quién revisa los casos y cómo se documentan los eventos. Son criterios de implementación, no resultados demostrados por esta publicación.
En Chile, trasladar una iniciativa de este tipo requeriría comprobar su compatibilidad con la atención local y el acceso efectivo a apoyo profesional. El ensayo no acredita que eSTEPS esté disponible en un establecimiento determinado ni garantiza cobertura para sus prestaciones.
Las recomendaciones incluyen entrenamiento de equilibrio, marcha, fuerza y movimientos funcionales. La elección y la dificultad deben adaptarse a la capacidad y los antecedentes de cada persona mediante evaluación profesional.
Una aplicación no puede sustituir la revisión de movilidad, medicamentos, visión y entorno. La herramienta digital debe formar parte de un plan de atención y tener un responsable clínico.
Conviene mencionar caídas previas, inseguridad al caminar, miedo a caer y episodios de mareo. Llevar una lista de medicamentos y describir dónde ocurren las dificultades ayuda a orientar la evaluación.
El objetivo es conservar movilidad con mayor seguridad. Un plan adaptado combina actividad física apropiada, evaluación de factores de riesgo y mejoras del entorno; restringir toda actividad no equivale a prevenir.
Nuestra interpretación es que la prevención gana valor cuando se vuelve una responsabilidad compartida y verificable. La tecnología puede facilitar ese trabajo, pero su prueba más exigente ocurre después de la consulta: cuando una persona intenta llevar la recomendación a su casa.
La oportunidad consiste en diseñar atención alrededor de esa transición. Un sistema que registra una indicación sin comprobar si puede cumplirse conserva información; uno que detecta obstáculos y adapta el apoyo tiene una posibilidad más sólida de proteger autonomía. Esa diferencia merece orientar la próxima evaluación de cualquier herramienta preventiva.