¿Cuáles son los beneficios del ayuno intermitente para eliminar la grasa visceral?

 

Cuando comer menos deja de ser suficiente

Durante décadas se ha repetido la misma fórmula para reducir grasa corporal: comer menos calorías. Sin embargo, en la práctica, muchas personas bajan de peso y aun así mantienen un abdomen inflamado, duro y resistente. El problema no es la falta de esfuerzo. Es un error de diagnóstico.

En una entrevista ampliamente difundida, el Dr. Pradip Jamnadas, cardiólogo preventivo y fundador del Institute of Preventive Cardiology en Estados Unidos, plantea una distinción clave: la grasa visceral no responde igual que el resto de la grasa corporal, y tratar de eliminarla solo con restricción calórica suele ser insuficiente.

El ayuno intermitente no actúa porque “comes menos”, sino porque activa una fisiología distinta, marcada por cambios hormonales profundos que una dieta tradicional no logra provocar.


El verdadero freno: insulina elevada de forma crónica

Uno de los ejes centrales de la explicación del Dr. Jamnadas es el rol de la insulina. Comer de forma frecuente, incluso alimentos considerados saludables, mantiene esta hormona elevada gran parte del día.

Con insulina alta, el cuerpo no quema grasa. La bloquea y la almacena.

El ayuno intermitente permite reducir la insulina de manera clara y sostenida, algo difícil de lograr solo disminuyendo porciones. Cuando la insulina baja, el cuerpo recupera la capacidad de acceder a sus reservas energéticas.

Sin este cambio hormonal, no hay quema real de grasa visceral.


Por qué el cuerpo elimina primero la grasa visceral

Durante las primeras horas sin comer, el organismo utiliza la glucosa almacenada en el hígado y los músculos (glucógeno). Este combustible se agota aproximadamente después de 12 horas.

A partir de ese punto, el cuerpo necesita otra fuente de energía. Según explica Jamnadas, la grasa visceral es la primera en ser utilizada.

No por una cuestión estética, sino por biología: es una grasa metabólicamente activa, inflamatoria y prioritaria para el cuerpo cuando la insulina desciende.

Por eso muchas personas notan que el abdomen comienza a reducirse antes que otras zonas cuando el ayuno se sostiene en el tiempo.


Ayuno intermitente vs restricción calórica: dos respuestas opuestas

El Dr. Jamnadas subraya una diferencia que suele pasarse por alto: hacer dieta y ayunar no generan la misma respuesta metabólica, aunque el consumo calórico final sea similar.

  • La restricción calórica constante puede ralentizar el metabolismo y llevar a la pérdida de masa muscular.

  • El ayuno intermitente eleva la hormona del crecimiento, lo que protege el músculo mientras el cuerpo utiliza grasa como combustible.

El resultado no siempre es una caída drástica del peso en la balanza, pero sí una mejora más profunda de la composición corporal.


Menos grasa visceral, menos inflamación sistémica

Otro punto relevante que aborda Jamnadas es que la grasa visceral no es pasiva. Produce moléculas inflamatorias, como la interleucina-6, asociadas a enfermedades cardiovasculares y disfunción metabólica.

Reducir este tipo de grasa implica disminuir inflamación crónica de bajo grado, uno de los factores más subestimados en el deterioro de la salud cardiometabólica.

Eliminar grasa visceral no es solo una cuestión estética. Es una decisión preventiva.


Autofagia y cetonas: el beneficio menos visible

El ayuno prolongado activa la autofagia, un proceso de reciclaje celular mediante el cual el cuerpo elimina componentes dañados y mitocondrias defectuosas. No es un concepto de moda, sino un mecanismo fisiológico bien documentado.

Además, al bajar la insulina, el cuerpo transforma grasa en cetonas, un combustible más eficiente y limpio que la glucosa. Esto ayuda a explicar por qué muchas personas experimentan mayor claridad mental y menor fatiga durante periodos de ayuno bien estructurados.


Una analogía simple para entenderlo

El propio Jamnadas lo explica con una lógica sencilla:

Imagina que tu cuerpo es un banco.
Cada vez que comes, haces depósitos constantes. Mientras esos depósitos continúan, el banco no necesita tocar el dinero guardado en la bóveda: la grasa visceral.

Reducir calorías es como depositar monedas más pequeñas. El banco responde recortando servicios. El metabolismo se vuelve más lento.

Cerrar la ventanilla por un tiempo prolongado obliga al banco a abrir la bóveda.

Eso es el ayuno intermitente.


La pregunta de fondo no es si el ayuno intermitente funciona. La evidencia clínica y fisiológica muestra que activa mecanismos que la restricción calórica tradicional no activa.

La pregunta incómoda es otra:
¿por qué seguimos tratando la grasa visceral como un problema de fuerza de voluntad, cuando en realidad es un problema de señales hormonales mal comprendidas?

Entender esa diferencia cambia la conversación. Y, muchas veces, cambia los resultados.

 
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